Cosas de familia

“Empezó a llorar”. Eso cuentan que dijo. Y lo adornó con crueldad. Pero el Altísimo sabe que solo tuve una opción: rendirme y entregar mi reino. Yo, Muhammad XII, siempre temeroso de Dios, no fui un traidor; ni despiadado como mi padre y mi tío. Salvé el esplendor nazarí de la Alhambra para que perviviera en el tiempo. Y así fue: el 2 de enero de 1492, entregadas las llaves a los infieles, suspiré al contemplar la ciudad por última vez. El sultanato de Granada se derrumbaba bajo el peso de siete siglos de historia. Mi madre lo vio de otra manera.

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