En las aulas de un futuro mestizo

Una mujer con uniforme de guarda jurado fija la vista en las páginas de un libro mientras camina. A su alrededor, algunos grafitis cubren las paredes exteriores del edificio. En el interior, los letreros de los baños pueden leerse en español, árabe y chino. Un mapa aparece decorado con las banderas de los 35 países de procedencia de los alumnos del centro. Un antiguo misionero italiano en Colombia promueve la implicación de las familias cuando surge el conflicto. En el Instituto Virgen del Remedio de Alicante se forma a futuros ciudadanos del mundo en esta sociedad global.

Maurilio Bianchi y Souad Kchitil tienen su centro de operaciones en un pequeño cuarto debajo de las escaleras que conducen a las aulas. Son los mediadores socioeducativo e intercultural, respectivamente. Una labor que llevan a cabo no sólo en el instituto -con 900 alumnos de 35 países- sino también en el domicilio de las familias, en los centros de salud, en los servicios sociales del barrio y en la calle. “Se trata de un trabajo en red”, afirma Bianchi. Desde hace diez años el programa Integra’t -puesto en marcha gracias a la entusiasta iniciativa de algunos profesores- tiene como objetivos atender a las necesidades socioeducativas de los alumnos y la gestión de la diversidad que, con la llegada de un gran número de extranjeros en un corto período de tiempo, ha hecho necesaria la presencia de profesionales capaces de fomentar la convivencia intercultural.

Souad Kchitil, mediadora intercultural

El programa quiso sacar provecho del aporte cultural de las personas venidas de fuera así como involucrar desde un principio a toda la comunidad escolar. En este ecosistema socioeducativo el tratamiento de la diversidad se convierte en algo transversal, y la forma de impartir las clases se transforma totalmente. “El aula ya no es únicamente un espacio en el que se traslada a los alumnos unos contenidos académicos”, explica Kchitil. Las palabras resuenan en los pasillos ahora vacíos. Las líneas generales en el instituto son la integración, el progreso, las ideas nuevas en la enseñanza y la colaboración. “Todas estas ideas caben en un proyecto de pedagogía, de docencia y de vida”, afirma Sofía Morales, directora del centro y coordinadora del programa, mientras prepara el material en uno de los laboratorios.

El servicio de mediación existe en todos los centros y se encarga de resolver los conflictos que puedan producirse entre los alumnos. El del instituto Virgen del Remedio fue consciente de que con los recursos propios no iba a poder atender a todas las necesidades de sus alumnos. Por eso buscó financiación externa y puso en marcha el programa Integra’t, premiado en 2009 por la Federación de Trabajadores de la Enseñanza (FETE) de UGT y por el diario Información. A pesar de que cada año ha sufrido recortes económicos y el número de actividades ha disminuido, el programa en su evolución ha creado la Mediación a 4 bandas y se ha mantenido la tradicional jornada de acogida para los padres de los nuevos alumnos. También se ha puesto en marcha la escuela de madres, a la que acuden mujeres que habitualmente no salen de sus casas, principalmente marroquís y pakistanís. “La reunión para aprender el idioma es la excusa para mejorar las habilidades sociales que se detectan necesarias”, aclara Kchitil.

Una atención integral

Maurilio Bianchi, mediador socioeducativo

El que fuera «misionero católico» y ahora cura pecador”, en palabras del propio Bianchi, lleva trabajando cinco años en el programa. Los profesores y tutores del centro detectaron una necesidad: el contacto con las familias. Especialmente cuando el alumno puede ser vulnerable al fracaso escolar y su familia no dispone de los recursos necesarios. “Cuando falla la comunicación entre la familia y el centro, yo soy la persona que toca a la puerta y animo a los padres a que se impliquen en el proceso educativo”. Cuando Bianchi acude a las casas tiene la oportunidad de detectar las necesidades de las familias e informarles de los recursos sociales que existen en el barrio y en la ciudad. El objetivo es mejorar el entorno del alumno. “Si se mejora la situación familiar también mejorará su rendimiento académico”, apunta Bianchi.

El instituto no es una isla. La acción comunitaria en el barrio engloba el trabajo con otros institutos, varias asociaciones y ONG. El propio Bianchi forma parte de un colectivo intercultural en el que participan trabajadores sociales, mediadores y voluntarios que, a título personal, promueven la integración positiva de todos los habitantes del barrio. “Es una manera de mantenerlo vivo”, puntualiza. Virgen del Remedio creció en número de viviendas en los años 60 pero lo hizo con una notable carencia de servicios, por lo que a nivel asociativo siempre ha sido un barrio “movido”, comenta Bianchi.

Desmontando falsas creencias

Souad Kchitil, de origen marroquí, considera primordial la prevención. Cuando se detecta en un alumno una señal que indica un problema de abandono o una actitud que no favorece un buen rendimiento académico, se interviene. “Hay mucho trabajo en el recreo, en los pasillos del centro”, matiza la mediadora intercultural. Y se rebela contra la creencia de algunos de que el barrio y el instituto son fuentes de conflictos por el elevado porcentaje de extranjeros o su bajo estatus socioeconómico. “Se percibe el conflicto como algo negativo y no tiene por qué serlo”, apunta Kchitil, y añade: “El conflicto que existe aquí es el de cubrir las necesidades básicas de la gente. No existen conflictos raciales en el centro”.

El alumnado de este barrio procede de una zona en la que la crisis ha golpeado con más fuerza. No obstante, los africanos son los que mejor están soportándola, según Kchitil, que afirma que muchas familias han tenido que regresar a sus países. La intervención social es un trabajo diario que no obtiene resultados inmediatos. Tal vez por eso para Kchitil “la palabra fracaso no existe”.

Suena la sirena y los alumnos salen en tromba de las aulas. Sobre el dintel de una puerta un retrato de Miguel Hernández contempla la algarabía. En su Cantar había escrito el poeta: …»Las puertas de par en par y en el fondo el mundo entero”…

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