Mi reino por unas coles

Roberto Bemba trabajaba para una revista digital de gastronomía. No era lo que había soñado y apenas le daba para comer, pero prometía “visibilidad”. De_Gustar -así se llamaba la publicación- no pasaba por un buen momento. La crisis en el sector y una epidemia de indiferencia no le ayudaban a levantar cabeza. Lo que nadie le había advertido a Roberto es que había algo que la mayoría de lectores odiaba: las coles de Bruselas. Era evidente si leías los comentarios a las publicaciones sobre verduras pero Roberto llevaba poco tiempo como colaborador.

El infausto día en que presentó un artículo alabando las propiedades de las coles, Manuel Cerezo, el director, después de cavilar un rato, creyó ver un resquicio de luz. Se equivocó.

Los paladares exquisitos lanzaron su furia contra la revista y sazonaron a Roberto con los más jugosos improperios. Cerezo retiró el artículo cuando las suscripciones se desplomaron; mandó a Roberto a la nevera y pidió perdón junto a su equipo en un vídeo fúnebre.

De_Gustar desapareció dos años más tarde, y Roberto Bemba come tres veces por semana coles de Bruselas “Calixto”, la empresa que, desde que se conoció el caso, se las envía gratis a domicilio una vez al mes.

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